Hoy el colegio entero se detiene un momento para rendir homenaje a una de esas personas que dejan huella sin hacer ruido, que enseñan tanto con sus palabras, como con su ejemplo. Hoy despedimos —aunque preferimos decir celebramos— la trayectoria de Mª José, nuestra compañera, que tras más de 25 años dedicados a la enseñanza, inicia su merecida jubilación.
Hablar de Mª José es hablar de una vida entera dedicada al conocimiento, al amor por las palabras y a la belleza de las lenguas que nos enseñan a pensar.
En sus clases no solo se aprende gramática o quién era Zeus, logra lo que pocos consiguen: hacer sentir vivas las lenguas que algunos llaman “muertas”.
Mª José tiene esa virtud de los buenos maestros: la de despertar curiosidad, de enseñar sin imponer, de contagiar entusiasmo con calma. Su serenidad, su paciencia y su sonrisa constante han sido, durante más de dos décadas, un ejemplo de equilibrio y de sabiduría.
Nunca una mala cara. Nunca una palabra fuera de lugar. Nunca una queja. Siempre amable, siempre disponible, siempre trabajando con la discreta elegancia de quien hace las cosas bien sin necesitar aplausos.
Y, por supuesto, con esa memoria prodigiosa que ya es leyenda en el departamento. Porque Mª José lo recuerda todo: exámenes, nombres de antiguos alumnos, excursiones, fechas, fotocopias, carpetas, programaciones, horarios de guardia… y hasta dónde están las bolas para el concurso del Día del Libro, que nadie encuentra y que, por supuesto, ella sí sabe dónde están. Realmente, es difícil imaginar el Departamento sin ti.
Nos dejas, Mª José, un legado enorme. Has sido una profesora ejemplar, pero también una compañera querida, generosa, trabajadora y buena. En ti se unen la sabiduría de las lenguas clásicas y la ternura del trato humano. Eres la prueba viva de que se puede enseñar con rigor y al mismo tiempo con dulzura; que se puede corregir con firmeza, pero también con una sonrisa.
Tu amor por el lenguaje nos ha recordado que las palabras importan, que lo que decimos deja huella, que cada término tiene su historia, su raíz, su vida. Tu forma de estar nos ha enseñado que la verdadera grandeza no está en hablar mucho, sino en escuchar bien, en comprender, en estar presente.
Ahora comienza para ti una nueva etapa: la de disfrutar de todo aquello para lo que, durante tantos años, no ha habido tiempo.
Una etapa sin exámenes, sin papeles acumulados, sin “urgente para mañana”. Una etapa en la que seguirás leyendo, recordando y, sobre todo, disfrutando.
Nos costará acostumbrarnos a no tenerte cada mañana, pero nos consuela saber que lo esencial de ti se queda: tu manera de enseñar, tu huella en los alumnos, tu ejemplo en los compañeros.
Gracias, Mª José, por tu paciencia, por tu sabiduría, por tu generosidad. Gracias por recordarnos, día tras día, que las palabras tienen alma y que enseñar es, en el fondo, un acto de amor. Gracias por habernos regalado tantos años de trabajo silencioso, constante y brillante. Gracias por tu cariño.
Hoy no te decimos adiós, sino vale et memento nostri —“adiós y acuérdate de nosotros”—, como dirían tus queridos latinos. Porque aquí, Mª José, siempre tendrás tu casa, tus compañeros y tu gente.
Te echaremos muchísimo de menos, pero te deseamos toda la felicidad del mundo en esta nueva etapa. Te lo has ganado, palabra por palabra.







